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Dejando de lado la última entrada en el blog y para reconciliarme conmigo mismo, visioné “La tierra” de Dovjenko como una pieza clave de un cine primitivo que tuvo su mayor explendor en Rusia durante los años 30.
Me volví a reencontrar con el cine soviético después de toparme con una curiosa compilación. Toda mi vida había querido conseguir “Alexandr Nevsky”, era la película de Eisenstein que más me habia tocado. No soporto Ivan, el terrible; ni la primera, ni la segunda. Y otras películas suyas más populares como “la huelga”, “el acorazado potemkin” u “Octubre” siempre las he valorado pero nunca me habían dejado huella. Manías, supongo. El caso es que buscando otra película me encontré con que “Aleksander Nevsky” se vendía junto a “Qué viva México”, curiosísima película que siempre me ha resultado muy simpática. Extraña mezcla, pero interesante. Una pena que no llevase nada de dinero, porque el precio era bastante patético.
Así que tras este encuentro, el cine Ruso de principios de siglo volvío a mi mesilla de noche, me volví a acordar de el. Decidí poner “La tierra” porque aquel tractor, que para mí es y será siempre el protagonista de la película, me motiva y por supuesto porque es un cine épico, político y mítico. De esos que te levantan del asiento.
Ahora me voy porque me están esperando Kulechov, Kalatozov, Tchujrai, Truberg. Vertov, Pudovkin y Dovjenko.
Un saludo.
J.M.
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